miércoles, 21 de marzo de 2012

La presión sanguínea y su correspondencia emocional




Los doctores Dethlefsen y Dahlke realizan un paralelismo muy significativo en este aspecto, para darnos una idea bastante clara de la relación entre la tensión sanguínea y la forma que tenemos de enfrentarnos a nuestros problemas. Simbolizan a la sangre como representación del "ser", del fluir vital, y a los vasos sanguíneos como las fronteras que encontramos en el camino.

"El hipotenso (presión sanguínea baja) no desafía en absoluto estas fronteras. No trata de cluzarlas, sino que rehúye toda resistencia: nunca va hasta el límite. Si tropieza con un conflicto, se retira rápidamente, y así se retira también la sangre, hasta que la persona se desmaya".

La tensión baja está relacionada con un sentimiento de evasión frente a los problemas.
La hipertensión, sin embargo, está relacionada con la preocupación, "la circulación se acelera sin que esta acción llegue a transformarse en actividad, es decir, se descargue" de esta forma, se produce una presión permanente que se traduce en tensión alta. En ambos casos (hipo e hipertensión), la persona rehúye el conflicto; en el primer caso la persona lo ignora, mientras que en el segundo no hace más que darle vueltas a la cabeza sobre sus problemas, sin tener ninguna solución para ellos. Incluso, en el caso de la hipertensión, existe un componente de agresividad reprimida, ya que la constante preocupación genera sentimientos de agresividad que la persona reprime para mantener las formas.

La tensión alta se relaja cuando descargamos nuestros miedos, nuestras preocupaciones.


Enfrentarnos a nuestros miedos, a nuestros problemas, con una actitud resolutoria, puede ser una excelente terapia tanto para las personas que tienen problemas de presión sanguínea, ya sea por defecto (hipotensión), o por exceso (hipertensión) En los dos casos podemos observar que el principal problema es no querer mirar las cosas como son.

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