martes, 24 de abril de 2012

El corazón y la coherencia




Vamos a transcribir aquí una serie de extractos del libro "La biología de la transformación", del doctor Bruce H.Lipton y el escritor Steve Baherman, que nos ofrecen una interesantísima perspectiva sobre la importancia de la atención en el corazón, algo que las filosofías ancestrales vienen aconsejándonos desde hace miles de años y que ahora la ciencia está comenzando a apoyar a través de los resultados de sus investigaciones.

Recordemos antes que, en tiempos como los que estamos viviendo, en los que el pensamiento está muy agitado y en los que nos podemos encontrar todos los días con una especie de "lucha interna" mental con nosotros mismos, una maravillosa alternativa para calmar estas tensiones es la de "atender al corazón", es decir, poner la atención en el centro del pecho, relajando así la constante preocupación mental a la que estamos acostumbrados. No se trata de un ejercicio sencillo e inmediato, sino que requiere de una constante atención por cederle más importancia cada vez a lo que sucede en nuestro pecho, que a lo que sucede en nuestro cerebro. Recordemos también que este tipo de prácticas requiere de una introspección profunda y, sobre todo, seriedad con uno mismo. Que no se trata de utilizar herramientas mágicas, como hoy en día buscamos para obtener rapidez y mínimo esfuerzo, sino que debemos tomarlo con la seriedad y la responsabilidad que merece el trabajo interno.

Aquí os adjuntamos una serie de las interesantes pinceladas que estos autores nos muestran sobre el tema:

"En su libro The HeartMarth Solution, el investigador del estrés Doc Childre y su compañero autor, Howard Martin, concluyeron: "La inteligencia del corazón es la inteligencia que fluye de la conciencia que experimentamos cuando las emociones mentales y las corporales llegan a un punto de equilibrio y coherencia".
Parafraseando una vieja canción de Connie Francis, diremos que nuestro corazón tiene una mente propia. En la década de 1970, los fisiólogos John y Beatrice Lacey, del Instituto de Investigación Fels, descubrieron que el corazón posee su propio sistema nervioso independiente, al que ellos denominaron "el cerebro del corazón". El corazón utiliza alrededor de cuarenta mil neuronas para comunicarse con los centros cerebrales relacionados con la conciencia, entre los que se incluyen la amígdala, el tálamo y la corteza cerebral. [...] Los Lacey llegaron a la conclusión de que el corazón emplea su propia lógica y que los latidos no son un mero mecanismo rítmico vital, sino un lenguaje inteligente. El análisis de los patrones electrocardiográficos demuestran que el corazón está mucho más relacionado con las percepciones y las reacciones conductuales de lo que la ciencia occidental habría podido imaginar jamás.


Las investigaciones de HeartMath confirmaron lo que la religión, la poesía y nuestra intuición nos han venido diciendo desde los comienzos de la conciencia humana. El corazón es la interfaz entre la conciencia y las respuestas fisiológicas que generan las emociones. Es más, descubrieron que el impacto del amor en sí, se puede medir a nivel bioquímico.


La investigación de Childre y Martin condujo a técnicas específicas de evaluación de lo que ellos consideraban la "inteligencia de un corazón coherente". Cuando los individuos concentran su atención en el corazón y activan un sentimiento cardíaco, como el amor, el afecto o la compasión, esas emociones cambian el ritmo de los latidos y lo llevan a un patrón más coherente. El incremento de la coherencia de los latidos activa una cascada de sucesos neurales y bioquímicos que afecta a todos los órganos del cuerpo.


Los estudios demuestran que la coherencia cardíaca origina una mayor inteligencia, ya que reduce la actividad del sistema nervioso simpático (el de nuestro mecanismo de huida o lucha) e incrementa la actividad promotora del crecimiento del sistema nervioso parasimpático. La respuesta de relajación originada por la coherencia cardíaca disminuye la producción de cortisol, una hormona del estrés, y redirige sus precursores químicos hacia la producción de dehidroepiandrosterona (DHEA), una hormona antienvejecimiento. Los sentimientos cultivados de amor, compasión, afecto y apreciación influyen en nuestra fisiología lo bastante como para proporcionarnos una vida más sana, más feliz y más larga.
[...] Al concentrar nuestra atención en el corazón, incrementamos la sincronización exitente entre el cerebro y el corazón, lo que a su vez calma el sistema nervioso y desactiva la respuesta al estrés. [...] La actividad electromagnética del corazón es cinco mil veces mayor que la del campo electromagnético del cerebro. La tecnología actual puede comprobar que el campo de energía cardíaco se extiende hasta unos tres metros de distancia del cuerpo. Los sentimientos como el amor generan una coherencia cuantificable en el campo cardíaco, mientras que las emociones negativas crean incoherencia y disonancia en el campo de energía del corazón.

El corazón emite nuestras emociones hacia el mundo que nos rodea y, de la misma forma, se ve influenciado por las emociones que emiten los demás. Cuando un individuo conecta con otra persona a través de un contacto físico o sencillamente por preocupación, la actividad eléctrica de los dos corazones y cerebros comunicados se interconecta y comienza a relacionarse entre sí. Esta investigación ofrece además otras implicaciones importantes de la activación de un campo de sanación coherente, puesto que revela que la coherencia sanadora del amor es contagiosa y puede extenderse con rapidez por la población."

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