viernes, 28 de septiembre de 2012

Ser uno mismo es fuente de salud



Este año ha sido, o está siendo, para nosotros, un año muy importante a nivel de experiencias con la salud. De ello hemos podido aprender que la enfermedad se presenta como detonante de un conflicto interno que aún no hemos podido solucionar. Como sucede en todos los ámbitos de la vida, no hay mejor forma de darse cuenta de ello que vivirlo en primera persona, y ha sido justamente con una intensa y dolorosa experiencia familiar, con la que hemos “visto” la verdad de aquellas palabras que en su día dijo C. G. Jung: “la enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar el cuerpo”. 

Es cierto que no es sencillo comprender, cuando se está sufriendo, que el origen fundamental de la enfermedad del cuerpo se encuentra en un conflicto interno, ya sea generado por uno mismo, o bien heredado en los genes. Sin embargo, cuando uno puede abrir la mirilla de este oscuro campo, puede también coger la llave que le permite tomar las riendas de su curación. Esto, obviamente, sin tener que demonizar al médico y aquellos que han estudiado para conocer las anomalías del cuerpo. 

La visión de la enfermedad a nivel integral, nos muestra que no se trata de hacer algo “alternativo”, sino de comprender lo fundamental, el origen y la causa misma del conflicto que nos lleva a enfermar: la emoción y la actitud que con ella tomamos. De esta forma, elija uno los medios médicos tradicionales, los naturales, los ancestrales, o aquello a lo que su intuición y sus preferencias le llamen, puede, en cualquier caso, ser el director primordial de la sinfonía que va dirigida a su sanación. 

Me pregunto por qué le damos tantas vueltas a lo que en sí mismo es sencillo. La naturaleza, como podemos comprobar incluso en los pétalos de una flor, es exquisitamente sabia. No iba a ser menos, pues, con el cuerpo humano, que es una de sus más elevadas creaciones. La idea de creer que las enfermedades no tienen una causa profunda, a mi entender, está ya obsoleta. Todas las disfunciones de la naturaleza tienen su causa, y no son errores casuales. Si uno contempla el cuerpo humano, puede descubrir que, teniendo cada órgano su función, si este órgano se ve dañado, se puede profundizar en su causa, puesto que tiene una función biológica. 

Tomemos por ejemplo unos problemas en la rodilla. Las articulaciones nos sirven para poder movilizar las extremidades. Doblar la rodilla es simbólico de que estamos doblegándonos ante algo o ante alguien. Esta sencilla lógica se puede aplicar en las anomalías del cuerpo humano para comprender la causa de una dolencia. Obviamente, lo mejor que podemos hacer es observarnos a nosotros mismos en nuestro comportamiento con los demás y, sobre todo, con quienes nos rodean (más aún con quienes nos "molestan", pues en ellos suele estar la primera fuente de aprendizaje). En esta observación, si somos capaces de ser objetivos y no emitir juicios, encontraremos muchas de las respuestas a una comprensión de nuestras dolencias. 

Nuestros comportamientos adquiridos ya mecánicamente, son origen de grandes sufrimientos que muchas veces terminan por enfermarnos. Después de todos estos meses de investigación y de intensas experiencias, he llegado a la conclusión de que una gran parte de las enfermedades no existiría si los humanos hiciésemos aquello que sentimos y aquello que pensamos; si nuestro sentir, nuestro pensamiento y nuestra voluntad estuviesen alineadas en nuestra vida. Sin embargo, solemos hacer lo que no sentimos, queremos lo que no “nos conviene”, y hacemos lo que no nos gusta, porque tenemos miedo de hacer lo que realmente sentimos. Este conflicto interno es origen de dolorosísimas enfermedades que, de comprenderse en su profundidad, podrían resolverse. 

Quería, con este artículo, ofrecer con mi experiencia personal la perspectiva de que el individuo puede ser el director de su curación. Que no se trata simplemente de mantener “una actitud positiva”, sino que la verdadera sanación surge cuando la persona ejerce una verdadera revolución en su mente, en sus actitudes con los demás, y comienza a ser quien es, sin ocultarse por motivos sociales, o pseudohumanitarios. 

No debería ser necesario enfermar para que nos diésemos cuenta de la importancia que tiene ser uno mismo; sin embargo, la elevada sabiduría de la naturaleza nos recuerda con la enfermedad, que no podemos desviarnos del camino de ser quienes somos, porque nuestro cuerpo nos dirigirá de nuevo hacia ese camino, lo queramos o no. 

Espero que este blog os sirva, en alguna medida, para animaros a tomar aquellas decisiones que la falta de valor os impide llevar a cabo. Sabed, pues, que es ésta una cuestión vital. 

                            www.unkido.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Unkido