lunes, 1 de octubre de 2012

Cuando uno perdona, el cuerpo se siente más joven


Basta con empezar a trabajar el subconsciente, para darse cuenta que tiene la consciencia de un niño. Por ejemplo, no distingue distingue diferencia entre el yo y el otro. Es decir, para nuestro subconsciente, el otro es otro yo. Cuando juzgamos al otro, entonces, para nuestro subconsciente, nos estamos culpando a nosotros mismos. Y allí, empieza a funcionar la creencia del castigo, de la desvalorización, etc.

El tema es que la mente subconsciente se encarga de repetir ciertos programas para que podamos resolverlos con el consciente, y con ello crecer, sencillamente. Por ejemplo, si nos "tragamos" algo y no podemos "digerirlo", nuestro subconsciente se encarga de repetir el escenario de esta primera crisis, y de darle más magnitud a medida que avanza nuestra historia, para que en otra crisis liberadora, podamos por fín digerir el problema inicial. Y si no lo resolvemos, el problema pasa a las siguientes generaciones. La vida se encarga de hacernos evolucionar de esta y de mil maneras semejantes. Estamos en el universo de las creencias. Nuestro subconsciente cumple a rajatablas con su misión. El consciente, tarde o temprano, debe asumir su rol de director de orquesta, y armonizar el subconsciente, darles soluciones a creencias negativas y que funcionan automáticamente. El ser humano tiene esa alternativa de desarrollo interior, que puede influir en lo exterior de manera notable.

Imaginemos el escenario de la digestión, es decir, del perdón. Cuando uno perdona, el cuerpo se siente como con diez años menos. Está más liviano, ya porque expulsa líquidos, que han estado funcionando como sistema de defenza. Está más agil, más animado, ocupa mejor su espacio vital. El humor mejora, las emociones son más positivas, los pensamientos mas abiertos. La actitud enriquece en todo sentido. Es síntesis, un individuo en este escenario, deja siempre buenos frutos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Unkido