jueves, 24 de enero de 2013

Hacia la Inteligencia Emocional


Cuando una casa está construida en un terreno inestable toda la estructura se resiente. Sucede algo similar con las emociones. Si basamos nuestros comportamientos en ellas, resultará muy difícil mantener íntegro nuestro andamiaje personal.


La cuestión, creo, no es intentar suprimir o reprimir las emociones, sino darles otro lugar, que no sean el de ser cimientos de nuestro accionar. En realidad, nuestras emociones nos pueden alertar del sentir del momento, nos pueden ayudar a gestionar impresiones, nos pueden sensibilizar hacia ciertas temas, nos pueden ayudar a crecer,..., sólo estoy diciendo que parecen no servir de cimiento de nuestra personalidad. No tenemos por qué considerarlas nuestros enemigas, y tener con ellas una actitud policíaca, tan común en nuestro pensamiento occidental.

Vamos a dividir las emociones en dos grupos: las emociones armónicas y las intensas, para poder señalar lo que parece una ecuación: cuando las emociones son intensas, parecen gobernar nuestro sentir, en cambio, cuando son armónicas, responden a otro puesto de mando: la consciencia, o el sentir consciente, la inteligencia emocional. Y mientras que as emociones parecen la reacción o el resultado de estímulos externos, el sentir consciente, proviene de una voluntad interior, de una decisión profunda de nuestro ser.














Como dije, creo que no se trata de reprimirlas, ni de poder controlarlas. De hecho, en Biodescodificación descubrimos que el hecho de no expresarlas es causa de conflictos inconscientes. Ser conscientes de ellas, des-cubrirlas, nos lleva hacia la inteligencia emocional.     


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