domingo, 5 de mayo de 2013

Síntomas del "viaje interior"




En estos tiempos muchas personas se acercan a nosotros con ansiedades y problemas, con grandes cambios en sus vidas y, sobre todo, con una especial necesidad de transformar el comportamiento que han tenido durante toda su vida. 

Nos preguntamos: ¿qué nos está pasando? 

Parece que esta sensación de espera, de necesitar que “algo cambie” en el ser humano, cada día se hace más fuerte, y este mismo impulso está creando un cambio real. Sin embargo, muchas personas aún esperan que la transformación se produzca fuera, en la sociedad, sin darse cuenta de que los verdaderos y profundos cambios, nacen en el interior. 

Para todos aquellos que habéis decidido investigar “dentro”, estaréis notando que estos tiempos son muy turbulentos. Elegir la senda de la observación de uno mismo, elegir transformarse, es un camino estrecho, que ni siquiera es un camino, pues uno parece andar a tientas entre aguas pantanosas en las que no se atisba un final. 

Es posible que os sintáis más asustados, o que hayan renacido antiguos miedos en vosotros. Sin embargo, no se trata de que haya aumentado el temor, sino de que estamos navegando en aguas más profundas, y ahora vemos con más claridad los temores que antes nos dirigían de forma inconsciente. Al bucear en el ser interior, uno encuentra lo que le ha venido dominando toda la vida, sin darse cuenta de ello. 


La actitud más positiva frente a estos miedos, es simplemente observarlos, dejarles salir. Si os fijáis, pareciera que haya una especie de “miedo al miedo”. Tenemos como una resistencia a sentir miedo. Bien, es ese miedo primario, esa resistencia la que podemos aprender a relajar para dejar que el temor salga de la cajita de pandora en la que lleva habitando toda su existencia. A medida que dejamos que el temor vuele, va descendiendo por sí mismo. Podéis hacer la prueba. 

Otro de los síntomas que tienen las personas que están trabajando internamente, es la sensación de que muchas cosas del mundo están dejando de importarles, lo que no significa que se tenga menos sensibilidad frente a los problemas de la humanidad, sino que, lo que antes les absorbía gran parte de su tiempo, ahora parece no llamar siquiera su atención. De esta forma, se suelen apartar de personas con las que antes se tenía una gran relación, fundamentalmente porque no les interesa compartir su tiempo en las actividades antiguas. Uno de los conflictos más comunes son, por tanto, que se generan situaciones de discusiones y enfados. Lo más importante en este caso es observar nuestras emociones, si existen culpas, enojos... y, al igual que con el miedo, respirar profundamente, tomar un tiempo para observarlas, dejarlas salir y esperar a que se calmen. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que todas estas emociones vienen de los juicios que hacemos sobre los demás, y sobre nosotros mismos, y cada vez les prestaremos menos atención. 

Otros síntomas son el cansancio, la desazón, el dolor de cabeza y de espalda, articulaciones... En cualquier caso, con cualquiera de los síntomas que tengamos, podemos hacer un sencillo ejercicio que nos propone el libro “La enfermedad como camino”, y es preguntarnos:

     ¿A qué me obliga esto que me está pasando?
     ¿Qué me impide?

Con estas preguntas uno puede encontrar mucho sentido a la situación que está viviendo.

En cualquier caso, para todos estos cambios tan profundos, os recomendamos tranquilidad, firmeza interior, observación, y no dejar de contemplar siempre el camino que a uno le hace estar sereno, la sensación limpia que podemos tener frente a cualquier situación, y dejar que aquellas sensaciones oscuras floten y se vayan por sí mismas.

¡Feliz travesía!



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