domingo, 23 de junio de 2013

Dejemos de culpar, y veamos cuál es nuestro error

Esto nos atañe a la inmensa mayoría: queremos cambiar lo externo, sólo para evitar así el cambio interior. Lo mismo hacemos con los demás, no sólo a las circunstancias. El siguiente ejemplo, es circunstancial, aunque sea de distintas formas, lo mismo hacemos mujeres y hombres. De igual manera, estamos hablando de cuestiones cotidianas, no de casos patológicos.


Una mujer se queja que todo el tiempo anda recogiendo la ropa sucia de su marido y sus dos hijos varones, que la dejan en cualquier lado. Esto le trae dolor de espalda y de rodillas. Se queja, pero no cambia su actitud, ella  sigue recogiendo toda la ropa sucia, sencillamente, porque está programada a hacerlo.
La queja se hace escuchar todo el día, molesta, predispone mal. Al cabo de un tiempo, los demás no escuchan la misma cantinela de siempre. Total, los resultados son los mismos de siempre. Mi pregunta apunta a por qué espera que ellos cambien, si ella no puede cambiar.

A manera experimental, acepta probar qué pasa si no recoge la ropa sucia. Cuando los sorprendidos caen en la cuenta, ella dice "lo que no esté en el canasto de la ropa sucia, no se lava". Mientras hace esto se observa, como le había sugerido: siente en varias oportunidades el impulso que le dicta programa pero no le hace caso. En su mente suenan sentencias al estilo "eres una mala esposa y mala madre, porque no levantas las ropas". Le pedí que tratara de divisar si veía algún personaje de su pasado diciendo a esto. Logra ver varios, la propia madre, la abuela, una maestra que es monja. Como le dije, los deja ir, agradeciendo la lección que le dan estos pensamientos. A medida que lo va haciendo, las sensaciones de dolor disminuyen. Ya no carga con el trabajo ajeno, ya no se arrodilla ante los demás.

Como le he dicho, cuando lo vuelve a hacer automáticamente, se pregunta en el momento: "¿para qué estoy levantando la ropa?" Entonces, la respuesta que le viene a la mente es "para que me quieran". Es decir, descubre que si no lo hace, no puede sentirse valorada como madre y como esposa. Esto no es verdad, sólo es lo que dice el programa. Por supuesto, en este tipo de intercambio, en el que yo hago algo para obtener tal otra cosa, no hay amor, hay un negocio.

Más tarde ve que los demás han entendido el mensaje y que ponen la ropa en el lugar para ser lavada. Admite que estuvo tentada muchas veces de volver al rol anterior, que todavía hay voces internas que la acusan por no hacerlo. Mientras las va dejando ir, los dolores disminuyen mas y más, hay otra actitud corporal y otra predisposición general. Comprende entonces que, para haber un victimario es necesario que exista una víctima. Por supuesto, me aseguro que entienda que esta realidad está más allá de los casos patológicos y que no estamos poniendo en juego ser víctima de un robo, o de una violación. Eso lo dejamos fuera, por el momento. Solo se trata de comprender algo más cotidiano y "normal" que repetimos todos los días y de desatar las cadenas que nosotros mismos nos hemos puesto.

"Con este simple cambio de actitud, entendí por qué era víctima de las circunstancias, de ésta y muchas otras. Ahora los entiendo más, incluso veo que estaba manipulándolos para que cambiasen (ellos), y así no hacerlo yo. Por eso, ya no los acuso, pero tampoco represento el rol de víctima. Y bueno, como me ven más feliz y contenta, me demuestran que ahora pueden hablar mucho más y mejor conmigo. ¿Paradójico no? Eso era lo que buscaba y no obtenía con la actitud anterior. En fin, he dejado de culpar, para ver cuál era mi error".

Dejemos de culpar, y veamos cuál es nuestro error.

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