jueves, 14 de noviembre de 2013

Ser Uno Mismo es fuente de Economía Consciente

Artículo de Laura Fernández, publicado en el blog "El Círculo Económico"





Esta tarde, después de una estupenda siesta, el despertar me ha traído una interesante intuición que comparto. Estos días he estado sintiendo un potente deseo de ser sincera conmigo misma, tan grande que por momentos ha dolido. Un deseo de aceptar cada sentimiento, cada emoción, a pesar de que fueran desagradables. De este proceso ha nacido también un deseo natural de no pasar determinado tiempo con ciertas personas, e incluso de tener en Facebook a los amigos con las que realmente interactúo. Me di cuenta que estaba tan programada para ser políticamente correcta, que jamás antes había “quitado” a nadie de esta red social. En el momento de “explosión de sinceridad” conmigo misma, salió una forma de actuar completamente nueva, en la que he podido tomar estas decisiones sin sentirme culpable y también sin culpar a aquellos a los que no siento que tenga que dedicar mi tiempo. Y ha sido al actuar de esta forma que ha nacido una energía nueva, creativa, limpia, sana y placentera, que me tiene inspirada, a pesar de los altibajos naturales de la cotidianidad.
Con todo este movimiento he comprendido que cuando hablo de Economía Consciente, ésta no tiene división con el resto de campos de la vida, sino que la misma naturaleza del fluir económico se puede aplicar a todo ámbito. Por ejemplo, Economía Consciente hacemos cuando elegimos el tiempo que deseamos y sentimos pasar con alguien, también cuando elegimos a las personas con las que sentimos que queremos estar; al mismo tiempo es hablar lo necesario, sin utilizar palabrería de más, ni hablar de menos por temor; es también economizar las emociones, dejándolas ser libres y fluir en su camino, atendiéndolas y prestándoles atención con total sinceridad; es no pretender ser quienes no somos, con una imagen idealizada de quienes querríamos ser o del modo en el que queremos ser vistos; es también dar lo mejor de uno mismo, sin sufrimientos ni sacrificios; son las notas justas y precisas que componen la sinfonía que transmite la belleza; es la pincelada precisa, la sonrisa sincera, el agradecimiento que sale del corazón; es mirar a quien tenemos cerca y poderle decir con seguridad: “eres la persona con la que quiero estar en este mismo momento y en este mismo lugar”. El exceso y el defecto de todas estas cosas, nos muestran, a través del sufrimiento y el dolor que nos producen, que no las estamos economizando a la medida de lo que somos y lo que sentimos, sino a la medida de una imagen que creemos que tenemos que ser.
Esta comprensión que nace de la intuición, que no es nada nuevo ni nada complicado, que es tan sencillo como la vida misma, que es tan evidente que no nos damos cuenta, me ha llevado a pensar con total determinación, que otra forma de vida es posible para el ser humano, la cual desconocemos y no sabemos hacia dónde nos va a llevar, que nace del hartazgo absoluto de la contradicción, el conflicto y el dolor con el que hemos vivido durante tantos años. “La verdad os hará libres” dijo un hombre hace ya mucho tiempo, y ahora empiezo a comprender que nos dijo la verdad: ésa que empieza por uno mismo, muy adentro, allá donde vive nuestro verdadero yo.

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