jueves, 9 de enero de 2014

Somos Instrumentos de la Consciencia

Aunque lo siguiente podría aplicarse a cualquier terapeuta, voy a enfocar al "terapeuta alternativo", que suele no tener una formación académica, y que por lo general, es un autodidacta. Vamos a hablar de un terapeuta que puede trabajar con cuestiones que tienen una raíz emocional, aunque el paciente presente síntomas físicos. Extensivamente, esto también es aplicable a profesores de disciplinas del despertar de consciencia.

El problema general del autodidacta es que aunque pueda tener soluciones únicas y una gran intuición para determinados asuntos, puede también carecer de conocimientos elementales que lo hacen caer en ciertos errores que resultarían básicos para otros con formación académica. Es decir, estamos hablando de la falta de referentes como el asunto de fondo. 

En este punto es bueno aclarar que hace mucho tiempo que trabajo con terapias de las llamadas "alternativas" y aunque he tenido muchos profesores y varios terapeutas como referencia, considero que mucha de mi experiencia es también como autodidacta.  En fin, que entendiendo la situación, y habiendo superado lo que yo creo son algunos errores típicos, simplemente quiero compartir lo que pienso de este tema, lo que creo he aprendido, con el fin de que pueda servir a otros en la misma situación.



Cuidado con los Vampiros

Uno de los problemas típicos es que se hace evidente la "necesidad" del terapeuta por ayudar al otro. Psico-lógicamente, es muy natural comenzar así, hasta que haya una toma de confianza en la energía universal y de que somos simplemente un instrumento. Cuando terminamos de entender esto, podemos ser parte de un plan cósmico. -cosmos es orden, armonía-. Mientras tanto hay un aprendizaje espontáneo y lógico. Es decir, en parte, hay que ver esta necesidad como algo normal, hasta poder confiar. Tengamos en cuenta que gran parte de la actuación de este terapeuta, depende mucho de su intuición y de su propia experiencia. 

Sin embargo, también suele pasar que detrás de aquella necesidad natural por experimentar, se esconda una actitud patológica. El ego intenta "ayudar" a otros para olvidarse de uno mismo. Es un truco del ego, que genera un arquetipo al que suele referirse como ego espiritual, o bien, síndrome del gúru. La situación nos impone la necesidad constante de aprobación externa, de la que podemos ser esclavos. 

Hablamos de una necesidad de dar "sin medida", que tiene una correlación con pacientes que también "necesitan" de la misma manera, de la figura del "terapeuta mago", uno que solucione todos sus problemas y pueda estar siempre a sus servicios. Entonces, ambos egos se encuentran, por supuesto, y la retro-alimentación puede ser infinita. Y como es un ego que sustituye al yo espiritual, puede generar verdaderos desastres energéticos. 

Cuidado, porque hay mucha gente que va pasando de terapeuta en terapeuta, escapando de ellos en el momento en que aquel señala un solución, o cualquier situación amenazante para aquel ego que no desea mirarse, ni asumir nada. Hablamos de una relación tóxica, donde el terapeuta puede ser "vampirizado" por el paciente, y aquel puede crear una dependencia con el terapeuta, como si fuera con una droga. 

Dibujo digital de José Eduardo Mataloni Reé
De acuerdo a un Curso de Milagros, este terapeuta todavía no es un verdadero terapeuta, porque no se ha sanado a si mismo, y específicamente, a su "necesidad de ayudar". Si has vivido o estas viviendo una situación semejante, no quiero decir con esto que debes abandonar esta actividad, sino simplemente, dónde enfocar tu consciencia, para ser un mejor instrumento de la voz universal. Es cuestión de afinar la vibración para sintonizar cada vez mejor.


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