sábado, 15 de febrero de 2014

Hoy

Antes de emprender el viaje, se aseguró de no llevar nada. Revisó los bolsillos, sólo encontró y sacó pelusas. Indagó a los dioses, a dios, como siempre lo hacía, sobre su destino. Como siempre, sintió que la respuesta estaba flotando, oculta en algún obvio secreto que nadie lograba ver. Sin embargo, hoy todo tenía un carácter diferente, premonitorio, y la pregunta resonó en su mente, reverberando como si de un galpón se tratara. 

Hoy, no era como otros días, hoy parecía ser más hoy que esos otros, hoy había y abría nuevos mañanas, aunque a lo mejor en otros cuerpos y dimensiones. Hoy asumía el pasado, dejaba el pasado, lo hacía presente. Hoy se sentía todo y nada, y así iba in crescendo: hoy, hoy, hoy... y otra vez la nada, una y otra vez, acudiendo a su mente, como al galope de negros corceles invisibles.  

Fue como si se hubiese dormido en un sopor de aire caliente, encandilado en ilusiones solares, tejidas de bosques y de pavimentos, o como si hubiera visitado otros planos. Cuando se dio cuenta estaba caminando sin un rumbo preestablecido. Se preguntó adónde iba, sin embargo, no se identificó con la pregunta, que se le antojó ridícula: sólo es ir se dijo, no hay un dónde. Y allí, escuchó una voz, como lejana, tan delicada, que le decía como cantando una nana: "hoy es,... hoy fue,... fue y será siempre, hoy". Final tonal, tensión, distensión. 

Siguió caminando días y noches, casi sin parar, como poseído, por momentos estaba soñando despierto entre las brumas de su memoria, por momentos los caballos de aquel silencio. Así, como mareas, iban y venían, mientras él, solo caminaba... 

De repente, sintió cansancio y se sentó en el primer lugar que encontró apropiado, se apoyó en un pilar de una casa, adaptada a ser despensa, y se dejó llevar. Entonces ensoñó eternidades en instantes, y atrapado en un nuevo universo, aprendió a recordar olvidando, a olvidar recordando, y quién sabe cuántas paradojas más, de esas con las que el cosmos juega, a lograr su orden. Y luego, por fin, vino el milagro. Con la cabeza que ya no la sentía torre, las brumas aquellas antes toneladas, ahora eran absoluta nada, vacío, silencio. Se dio cuenta que el pensamiento era pesado, porque sintió el liviano encanta de no pensar. Y otra vez volvió la femenina voz de nana, de madre, de cielo: hoy es,... hoy por fin es Ser, es hoy...

Y por último, montado en una brisa de mares, resucitó en aquel logos que cruza lo divino con lo humano.

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