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Mostrando entradas de octubre, 2014

Cosas de las que una se da cuenta mientras pone una lavadora y tiende la ropa

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Pintura de Jeffrey Larson

Lo maravilloso de este proceso, para mí, es que “la caída de fichas”, o los “clicks”, o los “darse cuenta de algo y quedarse con cara de poker”, son tan espontáneos como la propia vida. De esta forma, cuando estás haciendo cualquier cosa, pero estás con la atención presente, con la identidad en el Ser, y en una observación sin esfuerzo... fluyendo con la vida misma, te das cuenta de cosas muy sencillas, muy cotidianas, en apariencia “muy pequeñas”, pero que, al ser observadas, le pueden dar un giro a tu vida “muy grande”.

Así fue, de esta forma tan común y corriente, tendiendo la ropa al solecillo del patio, como dicen las abuelas, que me di cuenta de que aún tenía un observador muy sutil y engañoso con mi identidad enganchada, y es el que se siente “incapaz de soportar el dolor ajeno”, fundamentalmente, el de los seres queridos. Este observador, al no aceptar el dolor del otro, hace todo lo posible porque…

Observador

Cuando vienen a hacer una sesión, o tengo que dar una clase, tengo que llamar de alguna forma a la otra persona, y tengo que definir lo que hago. Y encontrar una perspectiva, desde donde definirme yo, el lugar donde estoy parado. 
Ha sido un tema complicado, sobre todo, porque improvisaba profesiones. Ha ido cambiando y evolucionando con el tiempo, pero nunca había llegado a una palabra que me hiciera sentir pleno, ni que pudiera abarcar todo lo que hacía. Entonces, tenia "alumnos", "pacientes", "receptores", y así, yo me definía, como profesor, terapeuta, acompañante, y muchas otras denominaciones semejantes, muchas veces insólitas. Basta decir que tengo una faceta de terapeuta-comediante. Por fin, ayer encontré una idea y una palabra que puede abarcar todo y que me hizo sentir completo. Ahora voy a intentar explicar el por qué de este cambio, y la intención y el sentido que descubrí.  
Partamos de una visión que estoy teniendo, donde el otro es otro yo…

Hacer y no Hacer Nada

Es muy distinto "no hacer nada", que "hacer nada". ¡Es diametralmente distinto! Hablamos de dos lógicas muy diferentes y que llevan a lugares totalmente diferentes. 
Desde la primera actitud partes de la negación, y tarde o temprano, te sientes en conflicto. En realidad, hay una recriminación implícita de la mente divergente, que siempre quiere estar haciendo algo, quiere encargarse de las soluciones. Entonces, te sientes señalado por el dedo del juez, externo o interno. En cambio, cuando "haces nada", partes desde un lugar sin conflictos con la nada. La nada, precisamente, es lo nuevo, lo inesperado, lo que está más allá de la existencia. Así, pues, integras la nada, estás trayendo la nada al presente, la haces aterrizar. Y todo esto por añadidura, porque en realidad tú solo tiene que hacer nada, para que lo demás suceda por sí mismo. 
No vale hacerse trampa. Por ejemplo, creer estar haciendo nada, pero estar mirando televisión, o leyendo un libro para …

¿CÓMO OBSERVAMOS?

La OBSERVACIÓN viene siendo uno de los temas que más preguntas recibe, y entiendo que, por lo menos para mí, es el tema más importante de este proceso, pues puedo convertir la observación en un esfuerzo más, o puedo encontrar la sencillez de la observación consciente y sin esfuerzo, y relajarme y vivir el proceso de forma mucho más simple.

La OBSERVACIÓN va, eso sí, totalmente unida con la SINCERIDAD BRUTA (como dice mi suegra). Es muy sutil a veces cómo nos decimos: “va, no, no me molesta eso”... y tiro para adelante... pero la realidad es que sí, me molestó. Ahí entra la SINCERIDAD BRUTA. Veo que me molestó, y ahí está mi FRONTERA. Ahí me detengo, y eso es lo que, al ser detectado, produce los mayores cambios. Sin ningún esfuerzo. No lo quiero cambiar, no lo quiero entender... solo detecto.

Uno de los primeros inconvenientes que parecemos encontrarnos, en la OBSERVACIÓN de la que hablamos, es que "la mente quiere observar y controlar la observación". Mientras la mente quie…

Sintiendo la imperfección

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Uno de los mayores impedimentos con los que nos encontramos las personas que hemos bebido mucha “literatura espiritual”, es que nos creamos una imagen de lo que es “actuar con el corazón”, o actuar despierto, o iluminado...etc. Tú crees que sabes, porque lo has leído, o los has visto, cómo es una persona así, y después de la lectura o de la visión te encuentras con tu “yo”, con tus enfados, con tus tristezas, con tus manías...etc. Y constantemente estás tratando de parecerte un poquito más a la imagen de "perfección" que tienes en tu mente.  Te autoexiges y exiges a los demás que también sean así, porque ése es el camino de la perfección. Entonces entras en una agotadora rueda de la que solo se puede salir: ACEPTANDO. Ninguno de los iluminados que has leído era “perfectos”, tú tampoco. Todo ellos se enfadaban, lloraban, sintieron celos y dolor. Tú también. Nos hacemos una idea de que "cuando nos iluminemos no nos vamos a equivocar nunca, todo va a ser perfecto", y fa…