sábado, 25 de octubre de 2014

Cosas de las que una se da cuenta mientras pone una lavadora y tiende la ropa


                                                      Pintura de Jeffrey Larson

Lo maravilloso de este proceso, para mí, es que “la caída de fichas”, o los “clicks”, o los “darse cuenta de algo y quedarse con cara de poker”, son tan espontáneos como la propia vida. De esta forma, cuando estás haciendo cualquier cosa, pero estás con la atención presente, con la identidad en el Ser, y en una observación sin esfuerzo... fluyendo con la vida misma, te das cuenta de cosas muy sencillas, muy cotidianas, en apariencia “muy pequeñas”, pero que, al ser observadas, le pueden dar un giro a tu vida “muy grande”.

Así fue, de esta forma tan común y corriente, tendiendo la ropa al solecillo del patio, como dicen las abuelas, que me di cuenta de que aún tenía un observador muy sutil y engañoso con mi identidad enganchada, y es el que se siente “incapaz de soportar el dolor ajeno”, fundamentalmente, el de los seres queridos. Este observador, al no aceptar el dolor del otro, hace todo lo posible porque el otro esté bien, y es esa energía la que atrae con tanta facilidad la “manipulación emocional”. Los que le conocen a uno (sus inconscientes y, a veces, sus conscientes también) detectan este observador y activan un mecanismo automático para tocarle la fibra y conseguir lo que pretenden.

De modo que, al darme cuenta de esta cosica tan chica y, para mí, tan importante, me ha parecido interesante compartirla y mostrar las fases por las que ha pasado la manipulación emocional, en mi caso, por si a alguien le puede servir:

1.En la primera fase solo estás movido por el observador que no puede ver el dolor ajeno. Eres ese observador. De modo que actúas para que los demás “no sufran”. Estás con tu referencia completamente externa.
2.Te das cuenta de que el otro te manipula emocionalmente, y quieres que cambie, que deje de hacerlo. Te enfadas mucho.
3.Te das cuenta de que el origen del conflicto está en un observador activo que encuentras así, como por casualidad, mientras tiendes la ropa en el patio, y ves que, al ser observado, empiezas a permitir que el otro pase por su dolor, al igual que tú pasas por tu dolor y, gracias a ello, vas encontrando tu libertad. Aceptas la experiencia del otro. Aceptas que es el otro quien es responsable de su propia experiencia, al igual que tú lo eres de la tuya. Aceptas, simplemente, las cosas como son.

Por supuesto, la mente que lee esto se hará preguntas: “¿y cómo hago para aceptar el sufrimiento de mis seres queridos? eso es imposible, yo no puedo hacerlo... etc.” La respuesta es muy simple: “encuentra al observador que no acepta el dolor ajeno, el que quiere hacer un esfuerzo por cambiar las cosas para que el otro no sufra”, solo obsérvalo.

"¿Pero qué me estás contando, guapa? ¿Cómo que no voy a hacer ningún esfuerzo porque el otro no sufra?" Estamos hablando de la observación interior, no de lo que "hay o no hay que hacer". De los esfuerzos mentales y no de los actos. Como siempre, en Unkido, nuestra propuesta es partir de la observación de las cargas para actuar con una mente limpia de todo ese ruido mental. Los actos son absolutamente autorreferentes, y cada uno actuará de la forma que tenga que hacerlo. Nuestra propuesta es, simplemente, antes de actuar, observar. 

Anotación:
En los casos extremos,  muchas veces uno se olvida del "yo" y actúa libre de cargas, porque pierde completamente sus miedos, sus historias mentales, y actúa de una forma libre de las fronteras mentales que tenemos normalmente y que conforman el "yo", el individuo. 

viernes, 17 de octubre de 2014

Observador

Cuando vienen a hacer una sesión, o tengo que dar una clase, tengo que llamar de alguna forma a la otra persona, y tengo que definir lo que hago. Y encontrar una perspectiva, desde donde definirme yo, el lugar donde estoy parado. 

Ha sido un tema complicado, sobre todo, porque improvisaba profesiones. Ha ido cambiando y evolucionando con el tiempo, pero nunca había llegado a una palabra que me hiciera sentir pleno, ni que pudiera abarcar todo lo que hacía. Entonces, tenia "alumnos", "pacientes", "receptores", y así, yo me definía, como profesor, terapeuta, acompañante, y muchas otras denominaciones semejantes, muchas veces insólitas. Basta decir que tengo una faceta de terapeuta-comediante. Por fin, ayer encontré una idea y una palabra que puede abarcar todo y que me hizo sentir completo. Ahora voy a intentar explicar el por qué de este cambio, y la intención y el sentido que descubrí.  

Partamos de una visión que estoy teniendo, donde el otro es otro yo, formando un nos-otros total, abrazando personas en el tiempo y el espacio. Entonces, adentro y fuera, queda como una simple sensación de separación física, una ilusión. 

Por otro lado, podemos actuar desde distintos observadores de conciencia. Esto es elegir la lógica desde donde asumimos una perspectiva, que generará un rumbo. 

Ahora unamos las dos ideas. Si el otro es solo otro yo, entonces, tenemos observadores internos y observadores externos, formando un yo total. Pues bien, entonces, me llegó la certeza que más que estar trabajando con alguien, entonces, estoy trabajando con un observador externo, que forma parte de mí. 

Consiguientemente, ahora me defino como un observador más, al que le fascina especializarse en el tema de la consciencia, y que siente grandes ganas de compartir lo que está aprendiendo con todos. Concluyendo, el que visita la sesión, es simplemente un observador externo de mi propia consciencia, y yo un observador que le gusta, sencillamente, observar la vida.

Hacer y no Hacer Nada

Es muy distinto "no hacer nada", que "hacer nada". ¡Es diametralmente distinto! Hablamos de dos lógicas muy diferentes y que llevan a lugares totalmente diferentes. 

Desde la primera actitud partes de la negación, y tarde o temprano, te sientes en conflicto. En realidad, hay una recriminación implícita de la mente divergente, que siempre quiere estar haciendo algo, quiere encargarse de las soluciones. Entonces, te sientes señalado por el dedo del juez, externo o interno. En cambio, cuando "haces nada", partes desde un lugar sin conflictos con la nada. La nada, precisamente, es lo nuevo, lo inesperado, lo que está más allá de la existencia. Así, pues, integras la nada, estás trayendo la nada al presente, la haces aterrizar. Y todo esto por añadidura, porque en realidad tú solo tiene que hacer nada, para que lo demás suceda por sí mismo. 

No vale hacerse trampa. Por ejemplo, creer estar haciendo nada, pero estar mirando televisión, o leyendo un libro para evadirte justamente del presente, de lo que te toca. Claro, allí "no estas haciendo nada" y este es un gran error. "Hacer nada", es mantenerse en eje del Ser, traer aquel silencio a tierra, biologizando al Ser, reitero, por simple añadidura.

Esto no quiere decir que tengas que estar todo el tiempo "haciendo nada", para salir del conflicto de "no hacer nada". No te fuerces, nunca. 
Si "no estás haciendo nada", simplemente, observa qué te dices, cómo te sientes, mira la reprimenda. Con un rato que "hagas nada" al día, es suficiente para observar una transformación de la realidad, hacia una cada vez más convergente. Hacer nada es lo más liviano que podamos imaginar. Más tarde hablaremos cómo hacer otras cosas, y al mismo tiempo estar haciendo nada, pero primero lo primero. Te invito entonces a probar, y alguna próxima vez que "no estés haciendo nada", acuérdate pues, de "hacer nada". Ponte realmente a "hacer nada" y verás que, naturalmente, esta segunda lógica te llevará a un puerto muy diferente al del programa divergente. 

José Unkido

lunes, 13 de octubre de 2014

¿CÓMO OBSERVAMOS?

La OBSERVACIÓN viene siendo uno de los temas que más preguntas recibe, y entiendo que, por lo menos para mí, es el tema más importante de este proceso, pues puedo convertir la observación en un esfuerzo más, o puedo encontrar la sencillez de la observación consciente y sin esfuerzo, y relajarme y vivir el proceso de forma mucho más simple.

La OBSERVACIÓN va, eso sí, totalmente unida con la SINCERIDAD BRUTA (como dice mi suegra). Es muy sutil a veces cómo nos decimos: “va, no, no me molesta eso”... y tiro para adelante... pero la realidad es que sí, me molestó. Ahí entra la SINCERIDAD BRUTA. Veo que me molestó, y ahí está mi FRONTERA. Ahí me detengo, y eso es lo que, al ser detectado, produce los mayores cambios. Sin ningún esfuerzo. No lo quiero cambiar, no lo quiero entender... solo detecto.

Uno de los primeros inconvenientes que parecemos encontrarnos, en la OBSERVACIÓN de la que hablamos, es que "la mente quiere observar y controlar la observación". Mientras la mente quiera observar, la verdadera observación no se produce, pues no le pertenece a ella este ejercicio. Así que, ¿qué hago? pues sencillamente observo que estoy haciendo un esfuerzo mental. Observo que estoy queriendo entender. Observo que estoy queriendo tener la razón y salir vencedor del conflicto. Observo que estoy culpando...etc. Primero todo eso, porque si hay mucha maraña, no voy a poder entrar de buenas a primeras en las sensaciones, en las cargas.

De modo que, si no acepto que mi visión del asunto la tengo que entregar, no puedo comenzar la verdadera observación. Es decir, si un tema viene y viene a la cabeza, es porque estoy queriendo entenderlo, o porque estoy queriendo tener la razón, o porque estoy convencido de que como lo veo, es como es correcto. Si “estoy cargado de razones”, entonces, simplemente estoy “lleno de cargas”. Estos personajes son los que interrumpen la verdadera observación.
De modo que, primero de todo: ACEPTO que mi visión actual es errónea ¿por qué es errónea? pues simplemente porque me mantiene en un conflicto. De modo que estaré navegando por algún programa. Bien, acepto que no estoy viendo la situación como es, así que, la suelto. Suelto el rollo mental porque ya entendí que, por muchas vueltas que le dé a mi lavadora mental, con ese pensamiento compulsivo y lleno de cargas no voy a encontrar la solución.

A partir de ahí, ya puedo empezar a observar las cargas, porque el pensamiento no me está interrumpiendo de forma constante y violenta. Si viene un pensamiento de culpa, observo la carga, si viene la ira, observo la carga, si viene el miedo, observo la carga... etc. Solo DETECTO y SUELTO. Y ahí empieza a despejarse el asunto. Esta observación es completamente SIN ESFUERZO, y SIN CONTROL mental.

Esto es sumamente importante: Mi mente va a tratar de ir en busca del miedo, para tratar de eliminarlo, y en ese esfuerzo lo va a mantener. Solo lo aleja temporalmente, después vuelve. Sin embargo, si simplemente observo lo que se me presenta en la cabeza y en las sensaciones, no controlo mentalmente mi observación, cuando aparece el miedo, solo lo observo, lo permito, lo dejo que sea, no intervengo, y no hago nada más. Entonces sí empiezan a desmembrarse las cargas. Pero si está el deseo de eliminarlas, conseguimos lo contrario. El ánimo de esta observación es más bien de DESCUBRIR al miedo (o a cualquier otra carga), y no de destruirlo.

Solo permito que las imágenes que vengan a mi cabeza, de forma espontánea, y sus cargas, sean observadas. No las intento modificar, ni salir de ellas, sino que me las permito. Observo desde el lugar en el que soy consciente, no desde el lugar en el que hago esfuerzos por observar y por controlar la observación.
En resumen, creo que lo principal es soltar el querer entender la situación, y soltar las múlples razones que nos damos a nosotros mismos. Si observo cómo controlo mentalmente, y observo cómo quiero tener la razón, eso se suelta, y puedo ver las cargas y aligerar el asunto.

La buena noticia es que, a todas nuestras quejas internas “es que yo no sé observar, lo veo muy difícil, eso es muy mental”....etc... todas ellas, simplemente pueden SER OBSERVADAS. Todo pensamiento que te llega puede SER OBSERVADO, y en ese detectar, YA está perdiendo su fuerza.
www.unkido.com

miércoles, 8 de octubre de 2014

Sintiendo la imperfección



Uno de los mayores impedimentos con los que nos encontramos las personas que hemos bebido mucha “literatura espiritual”, es que nos creamos una imagen de lo que es “actuar con el corazón”, o actuar despierto, o iluminado...etc. Tú crees que sabes, porque lo has leído, o los has visto, cómo es una persona así, y después de la lectura o de la visión te encuentras con tu “yo”, con tus enfados, con tus tristezas, con tus manías...etc. Y constantemente estás tratando de parecerte un poquito más a la imagen de "perfección" que tienes en tu mente. 
Te autoexiges y exiges a los demás que también sean así, porque ése es el camino de la perfección. Entonces entras en una agotadora rueda de la que solo se puede salir: ACEPTANDO. Ninguno de los iluminados que has leído era “perfectos”, tú tampoco. Todo ellos se enfadaban, lloraban, sintieron celos y dolor. Tú también.
Nos hacemos una idea de que "cuando nos iluminemos no nos vamos a equivocar nunca, todo va a ser perfecto", y fabricamos esta imágen sin darnos cuenta de que esa misma idea está basada en un error: nada de lo que se da en este mundo material es perfecto. En todo caso, el esfuerzo por llegar a serlo es solamente una fuente de sufrimiento. El esfuerzo por "conseguir" un estado de conciencia en el que no se cometan errores, no es más que un nuevo error.

Probablemente ves en tu interior un nudo de ira no aceptada porque no encaja con tu imagen de perfección y no te das cuenta de que es precisamente en esa ira que no quieres sentir, donde está la llave hacia una nueva comprensión. No quieres mirar, porque si miras con la mente, sabes que ésta aumentará el enfado. Entonces simplemente SIENTE esa ira, acéptala, oxigénala, déjala Ser... llevas tanto tiempo rechazándola... No la pienses tanto, solo siente...

Unkido