domingo, 1 de mayo de 2016

Cómo percibimos la realidad

Podríamos afirmar que vivimos en tres dimensiones distintas, o tres puntos de partida diferente, desde estamos observando la “realidad”.

1. Observamos una realidad física y biológica, a la que llamaremos la realidad del “desdoblado”, o del virtual, el primer plano del Ser.
2. Otra realidad, a la que llamaremos la de “doble” o de la  “identidad particular”, el cuarto plano del Ser.
3. Y una tercera identidad que es el vacío, la esencia universal, nuestro origen, o séptimo plano del Ser. 

Entonces, como he dicho para poder visualizarlo, tenemos un 1º plano, un 4º plano, y un 7º plano. Ahora, continuando con la intensión del análisis, a esos 3 planos fundantes del Ser, les vamos a sumar otros planos que van a estar entre planos de la consciencia, y que agruparemos como A y B.

A. Entre el 1º y el 4º plano hay dos planos más, muy conocidos por nosotros: el 2º plano, que es el de las emociones, o circuitos del Ser. Y un 3º plano, que es el mental. Esos primeros cuatro planos constituyen una especie de programación, entonces, un programa desde venimos observando la realidad hasta el momento.
B. Pero además de aquellos 4 planos de los que somos conscientes, hay otros 2 que no vemos, o que parecen desconectados de la consciencia. El 5º plano, o el de la lógica del Ser, o de la lógica de la realidad, el que es, de alguna manera, la parte del Ser que elige la realidad que queremos ver, o que vamos a desplegar en la realidad concreta. Y el 6º plano, que es una especie de central de energía para el Ser, el plano de los potenciales a vivir.

Y como dije, por encima de estos 6 planos, tenemos un 7º plano, el de la esencia, o la nada. Este 7º plano, se puede deducir también desde la física cuántica, donde la no existencia es el origen de la existencia.

Resumiendo pues, tenemos 3 identidades para observar la realidad, y 7 planos de consciencia para observarla.

A pesar de ello, nuestra identidad particular, o 4º plano, se siente como una marca de fábrica y no quiere ceder la observación de la realidad, lo que considera su autoría. Por esto, en realidad,  observamos la realidad según los observadores particulares de la consciencia.

Y como dice la física cuántica, el observador determina lo observado.

Es decir, lo que llamamos el “yo individual” es el que nos hace sentir separados del universo, de lo global, y del resto de los planos de la consciencia.

En realidad, ese 4º plano, ha sido solo un intermediario entre aquellos 7 planos de consciencia. Un intermediario muy comprometido con la existencia y que se ha encargado de nuestros “marcadores” evolutivos, los que hemos creído necesarios para la vida en el planeta.

Como he dicho, observamos la realidad desde esta visión del intermediario, ignorando los demás planos de la consciencia, sobre todo los que son inconscientes. Por eso, aquella identidad es la que está interponiendo con la percepción totalizadora de la realidad. O sea, ha sido un techo que nos separa para poder ir más allá de aquellos marcadores, o del programa evolutivo. Es decir, solo percibimos lo que es necesario para esos marcadores.
Y como estos observadores de la realidad están dentro del tiempo y del espacio, nos resultan lentos, pesados, y tienen una carga que palpamos, o sufrimos.
Al mismo tiempo, como decía, aquella identidad le pone un dique al observador de origen, el que está fuera del tiempo y del espacio. Y como éste observador, está fuera de la existencia, puede ser más veloz que los observadores de la identidad.
Esto lo sabemos pero solo en forma inconsciente. Por eso, nos sentimos desconectados de aquel enlace con la nada, con aquel observador más veloz de la realidad.  

Nuestra identidad se ha encargando de aquellos marcadores, de la mejor forma que ha podido, con las soluciones que le ha dado la experiencia. Es decir, los observadores de la identidad, observan desde un eje horizontal, eje desde el cual no se ve desde “arriba” de la experiencia lineal. Y además, esa experiencia, como es lineal, nos separa el tiempo, en pasado, presente y futuro.

Específicamente, nuestros marcadores primarios, de los que se ha encargado la identidad, están atentos a lo fundamental y son 4:
Es decir, nuestra identidad se ha encargado de nuestra supervivencia - marcador 1-, de protegernos – marcador 2-, de medirnos con los demás, o incluso con nosotros mismos, - marcador 3- y de suplir lo que sentimos como “el faltante” – marcador 4-.

O sea, que ha tenido la difícil misión de solucionar nuestras necesidades más básicas, y tiene también el arduo trabajo de sustituir nuestro faltante, aquella nada. Sustituirla con valores, reglas, pensamientos, creencias, magia, etc. Necesarios para abrir el tiempo.

Esto ha funcionado hasta el momento. Pero, como afirma la ley del desdoblamiento del tiempo, ahora estamos ante un cierre de la apertura temporal, y este cierre, nos invita a hacer un salto de consciencia que vaya más allá de atender a nuestros marcadores, o de  nuestras necesidades fundamentales y constitutivas.
Por lo tanto, en este tiempo y espacio, ahora, podemos ir más allá de lo que lo que hemos funcionado hasta el momento, y observador la realidad, con el observadores de lo nada.

Para hacer ese cambio de la percepción y estar acordes con aquel cierre temporal, se necesita un proceso de desmantelamiento de aquel “encargado” de observar la realidad.
Por eso, cuando sentimos que queremos re-conectarnos con aquella fuente original, vamos a notar nuestros marcadores se resisten a ser independientes de la identidad, identidad que había sido como nuestros padres, cuidando nuestras necesidades más primarias.

Es decir, para que estos marcadores básicos sigan encontrando repuestas, nos sentimos obligados a obedecer a lo que dice la identidad, y a estar atentos a las soluciones que ha encontrado en la experiencia. Como estas soluciones vienen del pasado, aunque creamos estar viviendo en el presente, sólo estamos repitiendo el pasado, o viendo la realidad desde el pasado y no desde el observador más veloz de la consciencia, el que puede observar el instante presente y la comunión de los 3 tiempos, pasado y futuro, en ese presente.


Este observador de la realidad se puede percibir estableciendo un “enlace lógico” con él, y no validado lo que los observadores de la identidad ven, porque solo veremos entonces, lo programado. Pero no es necesario acallarlos con algún tipo de esfuerzo, pueden seguir hablando en un segundo plano, mientras estamos atentos a ese enlace lógico, o dicho de otra forma, a lo que dice el silencio. 

1 comentario:

  1. Podríamos afirmar que vivimos en tres dimensiones distintas, o tres puntos de partida diferente, desde estamos observando la “realidad”.
    1. Observamos una realidad física y biológica, a la que llamaremos la realidad del “desdoblado”, o del virtual, el primer plano del Ser.
    2. Otra realidad, a la que llamaremos la de “doble” o de la “identidad particular”, el cuarto plano del Ser.
    3. Y una tercera identidad que es el vacío, la esencia universal, nuestro origen, o séptimo plano del Ser.
    Entonces, como he dicho para poder visualizarlo, tenemos un 1º plano, un 4º plano, y un 7º plano. Ahora, continuando con la intensión del análisis, a esos 3 planos fundantes del Ser, les vamos a sumar otros planos que van a estar entre planos de la consciencia, y que agruparemos como A y B.
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