martes, 23 de octubre de 2012

Sinceridad y Salud

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Uno de los puntos más esenciales que podemos tener en cuenta a la hora de cuidar de nuestra salud, es la sinceridad con uno mismo. Cualquiera puede comprender que se trata de algo fundamental en cualquier nivel; sin embargo, por muy lógico que nos parezca, ni solemos aplicarlo, ni solemos ver la relación que tiene con la salud física.

Y justamente es en aquellos momentos más cotidianos, los que nos parecen prácticamente insignificantes, cuando nos encontramos con el nacimiento de la incoherencia entre lo que pensamos, lo que sentimos, y lo que hacemos. Actuamos de forma tan mecánica, que es muy difícil percibir la discrepancia interna que sentimos. Por ejemplo, en los niveles laborales se produce muy comúnmente que actuemos de una determinada forma cuando el jefe nos ordena algo, y no somos plenamente conscientes de la cantidad de emociones que vamos ocultando para poder mantener una imagen concreta, aceptable socialmente. Como nos importa lo que los demás puedan pensar de nosotros, actuamos de la manera en la que pensamos que nadie puede increparnos. Sin embargo, la acción verdadera, el impulso y la emoción reales que sentimos, se quedan a buen recaudo, esperando no ser nunca encontradas. Este tipo de secretos, biológicamente son imposibles. Nuestro cuerpo no es capaz de mantener un secreto, de modo que estas emociones ocultas, reprimidas, salen en forma de síntoma físico.

El síntoma es un mensajero de nuestra sinceridad, es aquel que da luz a lo que nosotros reprimimos y esperamos mantener en la oscuridad. Sin embargo, al no ser conscientes de esta relación, preferimos tapar el síntoma con alguna pastilla, a tratar de escucharlo. El poder que tiene el impulso de represión de la verdad en uno mismo, es tan poderoso, que nos hace crearnos una realidad “a medida”.

El psicólogo y biodescodificador Enric Corbera, nos dice en su libro “El código secreto del síntoma” algo muy aclarador:

“Existen 64 códigos posibles de aminoácidos en nuestra estructura de ADN. Por lógica, todos deberíamos tener estos 64 códigos activados, pero en realidad solamente tenemos 20. De todas estas posibilidades, parece que solamente 20 están activados en este momento. Es como si hubiera un interruptor que apaga y enciende estos códigos, y este interruptor son las emociones.”

Corbera continúa explicando que las emociones de frecuencias más bajas, como el miedo (miedo a no ser aceptados, a no ser queridos… etc) activan muy pocos códigos, por lo que, cuando nos encontramos imbuidos de esta emoción, no encontramos soluciones a nuestros problemas. Sin embargo, cuando vibramos en el amor, nos encontramos más despiertos y más receptivos a encontrar soluciones para nuestra vida.

Todo esto nos invita a reflexionar que en nuestra vida es sumamente importante aceptar aquello que no nos gusta de nosotros, enfrentarnos a la realidad con sinceridad y valentía, puesto que el simple hecho de tratar de ver las cosas de forma “positiva”, no hace más que ocultar un valioso mensajero, que son nuestras emociones, sean del color que sean. Si uno no es capaz de ver la herida, difícilmente puede curarla.

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