viernes, 23 de mayo de 2014

Sí, me confieso: no soy perfecto

Uno de los mayores impedimentos con los que nos encontramos las personas que hemos bebido mucha “literatura espiritual”, es que nos creamos una imagen de lo que es “actuar con el corazón”, o actuar despierto, o iluminado...etc.Tú sabes, porque lo has leído en Krishnamurti, o se lo has escuchado a Mooji, o a Osho, o a Eckhart...etc. cómo es una persona que se mueve por el corazón, y después de la lectura te encuentras con tu “yo”, con tus enfados, con tus tristezas, con tus manías...etc. Y constantemente estás tratando de parecerte un poquito más a la imagen de perfección que tienes en tu mente. Te autoexiges y exiges a los demás que también sean así, porque ése es el camino de la perfección. Entonces entras en una agotadora rueda de la que solo se puede salir: ACEPTANDO. Ninguno de los iluminados que has leído era “perfecto”, tú tampoco. Todo ellos se enfadaban, lloraban, sintieron celos y dolor. Tú también.

Probablemente ves en tu interior un nudo de ira no aceptada porque no encaja con tu imagen de perfección y no te das cuenta de que es precisamente en esa ira que no quieres sentir, donde está la llave hacia una nueva comprensión. No quieres mirar, porque si miras con la mente, sabes que ésta aumentará el enfado. Entonces simplemente SIENTE esa ira, acéptala, oxigénala, déjala Ser... llevas tanto tiempo rechazándola... No la pienses, solo siente...

Probablemente has visto a alguien cerca de ti que se enfada, o que “habla de cosas nímias”, poco espirituales, o quizás que se cree espiritual de más...etc. y le has mirado con los ojos atravesados, le has juzgado y después te has juzgado a ti mismo por juzgarle... Te has dicho: “eso no lo hace un ser espiritual”. Te has juzgado porque no te das cuenta de que solo ACEPTANDO el juicio que haces, encuentras una nueva puerta. Te dices: “no juzgues, no juzgues”, y cuanto más te lo dices, más juicios salen de esa mente que no calla. OBSERVA los juicios que salen de esa mente que no calla, neutral, observa, permítete, por un segundo, tener esos juicios, y deja que sean contemplados. Permítete sentir la energía del juicio, hacia ti mismo o hacia otros. Siéntela, obsérvala, y verás cómo se diluye ante tus ojos...


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