sábado, 29 de diciembre de 2012

¿Qué hacer cuando nos falta inspiración?


La falta de inspiración agota la energía vital, la hace más densa y pesada. El cuerpo físico decae, aparecen dolores y síntomas negativos. Igual pasa con la mente, emociones y sensaciones negativas. Lo denso se hunde... 

Por el contrario, al sentirte inspirado, aunque no lo traduzcas en nada en particular, libera nudos, da buen ánimo, armoniza y aligera el cuerpo y la mente de manera natural. 

Estas son algunas ideas prácticas que solemos usar en Unkido y que pueden ayudar a desbloquear la energía densa y esos estado donde sentimos la falta de inspiración:

1. No te fuerces a hacer cosas que no quieres: Si al intentar   algo no sale, es mejor pasar a otro asunto.

2. Cambia de postura: Eso puede activar otras actitudes y puntos de vista.

3. Da un paseo: Toma la falta de inspiración como un síntoma para tener un recreo.

4. Si no tienes ganas de meditar, o de hacer prácticas semejantes, Reiki, Yoga, Biodescodificación, etc., prueba hacerlas en forma "homeopática", en pequeñas dosis.

5. Abre los brazos, e inspira hondo y deja que la luz entre.

6. Toma una buena ducha.

7. Procura activar la observación de tus pensamientos, sin identificarte con lo que ves. Observa y mira cuáles pensamientos se proyectan en este estado y visualiza que se evaporan.

8. También puedes hacer una oración interior, al menos para poner en claro qué es lo que quieres.  

9. Toma consciencia cuándo y por qué se generó este estado.

Recuerda que todo esto puede ayudarte, sin embargo, siempre es tu voluntad y la comprensión lo que determina la dirección de tu energía vital. 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Escuchando a la naturaleza




La mayor parte de las cosas que nos rodean han sido creadas por la inteligencia humana. Ya sabemos que detrás de todo orden, hay una inteligencia. Observando, pues, lo no creado por el pensamiento humano, podemos ver también un orden. La naturaleza es orden, el ritmo de los planetas girando en torno al sol es orden, las formas de las flores, los movimientos migratorios de los pájaros... etc. Y por supuesto, el cuerpo del ser humano está, igualmente, acomodado del mismo orden que lo está la naturaleza. Viendo que, efectivamente, tras el orden habita la acción de una inteligencia, detengámonos, pues, en esa inteligencia creadora del orden natural y, por tanto, creadora de nuestros propios cuerpos. 

¿Cómo se manifiesta? Podríamos decir que en todo lo creado: en el perfume de las flores, en el calor y en la luz del sol que nos dan la vida, en la semilla que en la tierra crece como alimento, en el agua que nos conforma... etc. Pareciera que esa inteligencia sabe de toda la existencia de lo que ha creado, y le proporciona lo necesario para vivir, pues los frutos que da la tierra nos alimentan, la luz del sol nos mantiene en la temperatura necesaria, el agua, el oxígeno... etc., todos ellos nos permiten, como decíamos, vivir. Podemos continuar y preguntarnos: ¿se pueden entender estas manifestaciones como una forma de comunicación? El movimiento de la luna parece indicarnos las mejores y peores épocas para iniciar una cosecha, la salida y la puesta de sol también parecen indicarnos los mejores momentos para iniciar actividades o para descansar, el sonido de la tierra antes de iniciarse un terremoto, avisa a los animales que pueden escucharlo del inminente movimiento. Podemos encontrar, si observamos, millones de formas de comunicación que nos ofrece la naturaleza. Los antiguos sabían bien cómo interpretar los movimientos naturales para actuar en consecuencia y en armonía con la tierra y con el cielo. Sin embargo, en las civilizaciones más urbanas, hemos perdido la facultad de interpretar este tipo de comunicación que no tiene idioma, ni lenguas fragmentarias, porque estamos mucho más relacionados con todas las cosas que son producto del pensamiento del hombre, que de las cosas que son producto de la inteligencia que ha creado la naturaleza. 

Si nuestro cuerpo está creado por la misma inteligencia que ha creado la naturaleza ¿no tendrá la misma forma de comunicación? ¿no será que, al haber perdido la facultad de comunicarnos con la naturaleza, también estamos perdiendo la facultad de entender las señales que nos envía constantemente nuestro propio cuerpo? Algo tan sencillo como un dolor de cabeza después de pasar horas y horas preocupados por un tema concreto, dándole vueltas, no entendemos por qué se produce. ¿No estará el dolor queriéndonos decir algo? Una indigestión de estómago tras una comida en compañía desagradable ¿no estará queriendo avisarnos de algo? Parece que incluso la ciencia oficial ha aprendido a aceptar que síntomas como el infarto tienen una relación emocional clara. Sigo preguntándome por qué solo aceptan este caso como el más claro, o casos de estrés o ansiedad, y aún no aceptan el resto de casos, en mi opinión, bastante evidentes. 

Gracias a todos aquellos investigadores de los que hablamos en este blog: Thorwald Dethlefsen y R.Dhalke (La enfermedad como camino), Hammer, B. Lipton (La biología de la transformación), Corbera (Biodescodificación)... etc. y otros tantos que continúan buscando interpretar las relaciones entre emoción, mente y cuerpo, se ha podido avanzar increíblemente en el descubrimiento y solución de múltiples enfermedades, aunque aún muchas personas lo desconozcan. 

El hecho de que la naturaleza y la inteligencia latente en ella, tengan un sentido, es realmente algo que ofrece una coherencia mil veces más grande que la que nos dice que la enfermedad carece de sentido alguno. 

Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el ser humano no escucha” 
Victor Hugo

martes, 18 de diciembre de 2012

¿Esperas un cambio o eres el cambio?




Últimamente he hablado con muchas personas que dicen estar esperando un cambio. Somos muchos los que sentimos que la humanidad, por el camino que tomó hace ya mucho tiempo, lleva un rumbo errado. Llegados a este punto, mucha gente se plantea que “algo debe suceder”. Sin embargo, todo esto me ha hecho preguntarme: ¿qué tipo de cambio esperamos?. Porque han sido muchas ocasiones a lo largo de la historia en las que la humanidad ha sentido que era necesario virar el rumbo, sin embargo, las soluciones que hemos tomado han sido “más de lo mismo”. Modificamos los sistemas mediante revoluciones, pero los seres humanos seguimos siendo los mismos, por tanto, los sistemas fallan una y otra vez. 

Parece ser que todo indica que el verdadero cambio que necesitamos implica una revolución, como diría Krishnamurti, en uno mismo, una revolución de corazón y de mente. Esto tiene serias implicaciones, porque la espera del cambio siempre conlleva la espera del cambio de los demás; sin embargo, si uno se responsabiliza con firmeza como parte integrante de la humanidad, puede operar grandes renovaciones en sí mismo. 

¿Conocen la teoría del centésimo mono? Consiste en “un fenómeno en el que se supone que un comportamiento aprendido se propaga rápidamente desde un grupo de monos hasta todos los monos, una vez que se alcanza un número crítico de iniciados”. Esto me ha hecho plantearme si un cambio de comportamiento verdaderamente profundo y radical en un cierto número de humanos, puede dar un giro importante y renovador en la humanidad. 

Nuevamente, estaría dando vueltas a la espera de que otros cambien, de que se produzca un número significativo de transformaciones para dar lugar a una gran transformación, y creo que en este enredo es donde reside el gran problema. 

¿Puede un ser humano, por sí mismo y sin esperar el cambio en los demás, plantearse seriamente qué podría hacer por ser él mismo el cambio que espera en los otros? Esperamos que el mundo gire su rumbo, pero nosotros seguimos haciendo lo mismo de antes, comportándonos igual que antes. ¿Tenemos verdadero y serio interés por transformarnos, o simplemente estamos esperando que la sociedad lo haga?

Curso Psicomática


Bio-descodificación y el Espejo del Alma

Mar Chiquita (Córdoba - Argentina) de Leo Boher
Una Pregunta Espontánea

Acabo de solucionar un problema aquí en Blooger, (para poder escribir en este blog como autor invitado), del que no sabía por dónde comenzar. No era tan difícil, pero quizás, como era la primera vez, me llevó bastante tiempo poder encontrar la herramienta adecuada, la solución.

Aparte de sentir una satisfacción por el problema resuelto, me hice esta pregunta: ¿el poder darme cuenta de una cuestión interior es mucho más difícil que esto? Voy a hacer más específica la pregunta: ¿el poder resolver una emoción que me bloquea, es tanto más complicado que resolver un problema semejante al que he descrito?

No lo sé, poder afirmar tal cosa requeriría un estudio estadístico. De todas formas, no puedo dejar de observar que si a un tema interno le dedicáramos el mismo esfuerzo que una tarea externa, la cuestión podría resultar muy diferente, y la gratificación interior, seguramente, será mucho más grande. Además, es cuestión de dar con las herramientas


La Bio

Las herramientas o "protocolos" que maneja un terapeuta en Bio-descodifiación nos acompañan a un viaje por nuestro subconsciente. Cuenta además, con una serie de "recursos" para transformar creencias, resolver "programaciones" que condicionan nuestra plenitud vital, y originan la tensión y la enfermedad. Quiero agregar a esto algunas cosas que dan un pantallazo de una sesión de Bio-descodificación: uno, que des-programar un conflicto es algo muy práctico y, relativamente, rápido. Dos, que toda la biología está implicada en el proceso; la idea es ver cómo actúan nuestras sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos en determinadas "situaciones". Estas actitudes, pueden revelar condicionamientos que hemos escondido, enmascarado, y/o negado. La Bio busca poder "re-sentir" esos momentos, para dejar que hablen las emociones escondidas y así, poder darnos cuenta de por qué no estamos actuando plenamente, cuales son las actitudes y creencias que nos atan, y cómo transformarlas de cara al presente y al futuro.

Ahora, en esta meditación, vuelvo a formular la pregunta, esperando que se entienda mejor mejor desde dónde la hago: ¿Resolver un conflicto que afecta nuestra vida cotidiana y al que nos enfrentamos por primera vez, es mucho más difícil que la bio-descodificación de alguna tensión? Mi respuesta es personal, porque no puede ser de otra manera: No, es casi igual de complejo o simple que un problema externo, si damos con el procedimiento adecuado.


El Espejo

Más allá de la Biodescodificación, que no tiene una verdad excluyente, de lo que se trata es de poder mirarse a uno mismo, en el espejo del alma.

Y para terminar, una vez más quiero ampliar mi pregunta espontánea de cara a mi universo interior: ¿es tanto más difícil conocerse a uno mismo que estudiar una carrera universitaria?  

domingo, 16 de diciembre de 2012

Tiempo de cambios




A muchas personas les cuesta especialmente enfrentarse a los cambios que les está tocando vivir; sin embargo, ésta puede ser una gran oportunidad para crecer interiormente. 

Cuando uno se encuentra con cambios de tipo laboral, relacional, familiar... etc., puede aprovechar para preguntarse ¿qué me ofrece este cambio? ¿a qué me obliga? ¿qué me impide? y quizás, la más importante: ¿para qué se produce?

Las respuestas a estas preguntas se encuentran escuchando en el interior del corazón, y allí podemos ver nuevas soluciones a nuestros supuestos problemas. 

sábado, 15 de diciembre de 2012

Espejos humanos




Ya hemos escuchado antes que todo aquello que observamos en los que nos rodean es, al mismo tiempo, un reflejo de lo que somos nosotros. Podemos “creerlo” sin más; o podemos tomar otro camino diferente: practicarlo, examinarlo y comprobarlo con nuestra propia experiencia, como si se tratase de un juego. Si aceptamos estas palabras sin vivenciarlas, probablemente nos veremos sumidos en un galimatías incomprensible. Si observo el mundo y veo la destrucción, la violencia y las guerras, no voy a comprender con mi mente que todo eso está dentro de mí. Por eso queremos jugar con otra opción que no parte más que de la duda, de dejar una puerta abierta a una posibilidad. No podemos obligar a la mente a que se crea que lo externo es producto de ella. No es necesario. Es más, podría ser contraproducente y crear un conflicto aún mayor. Lo que pretende nuestro ejercicio es, simplemente, observar en aquellos que tenemos más cerca, qué me disgusta y qué me agrada de aquellos a quienes más quiero. 

Por ejemplo, en las parejas se puede comprobar de forma evidente el espejo que ejercemos los unos en los otros. Es posible que te hayas hecho muchas veces esta pregunta: “¿por qué siempre me toca el mismo tipo de hombre, o de mujer?” Como ya hemos explicado, la mente, en estos casos, ejerce su propio mecanismo: la queja, la culpa... etc. Sin embargo, ¿qué sucede si hacemos la observación a la inversa?: “¿qué tengo yo, que ese tipo de hombre, o mujer, siempre viene a mí?” “¿Es posible que, cambiando yo, deje de atraer a las mismas personas?”, “¿qué tienen en común todos ellos?”. Hagamos el ejercicio de comprobar cuáles son las características que se repiten una y otra vez en nuestras vidas. No es una mala intención del destino, o de un “dios” que elegimos como una malvada fuerza que nos lleva una y otra vez al mismo sufrimiento. 

Como decía Montaigne: “A nadie le va mal durante mucho tiempo, sin que él mismo tenga la culpa.” Planteemonos si es posible que sea yo quien esté atrayendo un tipo concreto de energía y qué debo cambiar en mí para que no se vuelva a repetir una determinada situación. Para eso es imprescindible detenerse. Simplemente observar aquello que me molesta, observar el conflicto con mi pareja, con mi hermano, con mi madre... ¿qué sensación me produce? ¿qué sentimientos muestro?... etc. Solamente observar. No tratemos de solucionar el problema, porque justamente en ese movimiento, en esa intención de resolverlo, nos estamos olvidando de observar aquello que nos molesta, y en esa observación hay un tesoro, en la emoción que nos desagrada hay oro. 

(Fragmento del libro "Los Ideales de Vida Reiki")

miércoles, 12 de diciembre de 2012

¿A qué dedico mi vida?




Parece que las situaciones de “crisis”, como la que estamos viviendo en este momento, nos llevan a los individuos a tener que posicionarnos. Muchas personas se encuentran ahora en encrucijadas vitales sin comprender y sin tener una respuesta para sus conflictos. Una pregunta interesante que podemos hacernos al respecto es: ¿A qué o quién le dedico más tiempo en mi vida? La respuesta puede darnos gran claridad acerca de la situación en la que nos encontremos. 

Hay personas que dedican mucho tiempo a sus trabajos, y éstos no les satisfacen. Sin embargo, para ellos es lo más importante. ¿Qué mensaje están mandando estas personas a la vida? El mensaje es claro: “Lo que más me importa es mantener mi trabajo. Lo que más me preocupa es mi trabajo”. El universo no entiende nuestros pensamientos, entiende nuestros actos y nuestros sentimientos. Si dedicamos todo nuestro tiempo y nuestras preocupaciones a algo concreto, el universo entiende que aquello, al requerir toda nuestra atención, es lo que más queremos hacer. Por eso quién se preocupa tanto por su trabajo, tendrá oportunidad de ver su horario ampliado o sus funciones aumentadas. 

Si uno realmente quiere ser serio consigo mismo y tomar las riendas de su vida, puede plantearse a qué le está entregando la mayor parte de su vida, y ver si quiere seguir viviendo de este modo. 

lunes, 10 de diciembre de 2012

¿Enfermedad o Salud Navideña?


Todos sabemos que ciertas actitudes que tomamos en nuestra vida nos “enferman”. Incluso hemos utilizado esta expresión popular para indicar que algo “nos pone malos”. Sin embargo, no es tan fácil darse cuenta de que estas simples palabras encierran mucho más sentido del que imaginamos. 

Para estos próximos días en los que las Navidades se acercan, podemos hacer un sencillo ejercicio sobre nuestro cuerpo. Muchas personas se reúnen, en contra de sus apetencias, con personas con las que no pasarían ni un minuto si no fuese porque es Navidad, y porque “toca” juntarse con la familia. Todos sabemos que en estos días se incrementa mucho el número de “atracones”, indigestiones, y otro tipo de malestares.  Siempre entendemos que la causa es el exceso de comida, o la ingesta de alimentos a los que no estamos acostumbrados; sin embargo, nunca tomamos en cuenta el factor emocional. Cuando nos reunimos con personas con las que no queremos estar, escuchamos palabras que no nos gusta oír, vemos actitudes que no nos gusta ver... la comida suele ser bastante indigesta, aunque comamos lo justo y comamos alimentos habituales en buen estado. 

Esta incoherencia emocional social en la que incurrimos cada año “porque es así”, sin siquiera tomar una decisión al respecto, “nos pone malos”. 

Estemos atentos estos días, no solo a lo que comemos, a los excesos y a los alimentos “exóticos”; sino también, y mucho más importante, a las decisiones que tomamos sin estar de acuerdo, y a las cosas que hacemos y no queremos hacer, a cómo nos afectan las discusiones en la mesa, las miradas de reojo, los juicios y los desaires. Los efectos en el cuerpo son muy evidentes. Escuchémoslo, pues será una interesantísima puerta abierta a descubrir la gran sabiduría que encierra la naturaleza en nuestro propio interior. 

Prepararse para un cambio interior


Cuando uno hace un curso o una sesión de cambio interior, (llamemos así a lo que damos en Unkido; Yoga, Reiki, Biodescodificación, etc.), hay ciertos problemas que aparecen como muy comunes. Vamos a intentar despejarlos, para no estar repitiendo errores de otros y poder avanzar más rápidamente, en forma más asertiva.

Luchar con la Sombra

El principal problema con que nos topamos es el de la sombra. Desde el comienzo está diciéndonos qué debemos o no hacer, nos está comparando con los demás, está suponiendo, o presuponiendo un sinfín de cosas, está hablando por nosotros desde el miedo, está actuando desde ese temor, está poniendo fuera lo que no podemos ver adentro. La sombra siempre va a ver el error en el otro y para abreviar, vamos a tener en cuenta que todo eso eso lo hacemos sin darnos cuenta, porque nos maneja el subconsciente. El ego tiene una raíz subconsciente, y muchos la sienten. Justamente, es esa voz que va comparando, suponiendo y pensando desde el temor, la culpa, etc.  

El que imparte un curso de cambio interior tiene que ser muy hábil, porque, por ejemplo, tiene que permitir que el que hace la primera experiencia se exprese, para saber dónde está parado, pero a la vez tiene que poder detener a tiempo al ego del otro, cuando habla el subconsciente. Recordemos que el que aprende, por lo general, se identifica con su propio ego y con sus reacciones emocionales. Por lo tanto, el profesor lucha con varias sombras, para poder guiar al aprendiz por un sendero asertivo.


Por los Montes

Dar un curso de cambio interior es similar a algo que yo vivía en los montes de mi provincia de Córdoba, en Argentina, a los que amaba ir de vacaciones a los 20-30 años. Cuando invitaba a gente amiga al lugar donde acampaba, empezaba el show del ego… Teníamos que cruzar un par de montes a pié para llegar al lugar donde estaba parando. Lo más frecuente, (y cuando más principiantes era peor), era que cada uno quisiera ir por su lado, cruzar los montes a su manera, sin escuchar recomendaciones.
En el mejor de los casos, se habían comprado un par de zapatos de esos con suela de tractor, y ya se sentían verdaderos exploradores. Y salían disparados antes que pudiera decirles siquiera por dónde era, cometiendo los errores que otros ya habíamos ido cometiendo antes, a lo mejor salvando algunos, pero, cayendo en otros repetidos, o incluso, inaugurando peligros nuevos,…, ¡porque la imaginación humana es verdaderamente grande!
En los animales uno no ve este problema. Basta con que un animal vaya por un sitio, o por una situación nueva, descubra el mejor camino, aprenda de sus errores, que el resto de la especie, va a conocer, aprovechar e incluso mejorar esa experiencia, ya sea por imitación directa, o bien, por una memoria que ahora trata la epigenética, tema muy interesante que sólo nombro para que busquen.

¿Qué diferencia hay entre los animales y nosotros, los inteligentes seres humanos, que no nos permite hacer lo mismo que ellos? ¿Por qué en eso nos superan absolutamente todos los animales ? Respuesta simple: es por el individualismo, por el ego centrado en sí mismo. En vez de dejarnos guiar, nos sentimos inferiores si otro lo hace y queremos hacerlo a nuestra forma. ¿Les suena a lo que hacemos generación tras generación? ¡Pues sí!

Usamos la inteligencia sí, y la imaginación, pero de mala manera.

Supongamos opciones para el ejemplo anterior: seguimos a quien conoce el terreno, y confiados en sus pasos, procuramos respirar de la mejor forma, observar bien el camino por si luego uno cruzara solo, etc. Es decir, no ir intentando reinventar la pólvora, el camino ya lo conoce otro, y no es necesario competir con él como parece entender el ego,…, entonces podemos centrarnos en aquellos pequeños, o no tan pequeños, detalles. En vez de salir como bólidos a explorar lo que otro ya sabe, sería mejor idea imitar lo que el otro sabe, con la mente alerta y abierta ya a otras vicisitudes. Y si no hay mucho que uno pueda hacer, ya sería mucho más inteligente, por ejemplo, ir disfrutando del paisaje…    

En un curso de cambio interior ocurre el mismo problema. Cada uno que viene a aprender, cree conocer el camino de antemano. Entonces, no sólo que es mucho más difícil guiarlo, sino que además puede poner en peligro la expedición, si hay que salir a buscarlo, o a rescatarlo de un abismo, del que nadie sabe cómo ha llegado hasta él.

Tenemos que poder pegar este giro de pensamiento. Dejarnos guiar y poner la cabeza en su sitio, mirando por sobre lo que el otro ya nos está enseñando.
   

Los Salvadores de Mundos

Quizás, nuestra mente esté demasiada influenciada por las películas americanas, no lo sé, pero hay una situación característica: todos queremos salvar el mundo, o al menos, una parte de él. Salvar a África, salvar a las ballenas de las ballenas mismas, salvar a las hormigas del vaticano de los zapatos de los curas, etc., etc.

En principio, no estamos teniendo en cuenta que todo despertar o aprendizaje interior es progresivo, y que a medida que despertemos nuestra energía interior, podemos estar más plenos de energía para el exterior.

Por ejemplo, ya que hemos nombrado Reiki, hay allí una situación semejante. Por si no lo saben, en el segundo nivel de Reiki se enseña una parte más psíquica, cómo conectar esa energía a distancia, y a través del tiempo. Esto no es difícil, una vez aprendido lo anterior. El caso es que acto seguido de conocer la forma, ya queremos mandarle Reiki a todo el planeta.¡Es un clásico! Y por citar ahora sólo un problema que esto puede tener: ¿tenemos la plenitud para soportar ya a las energías de todo el planeta? ¡Por supuesto que no! Es muy infantil pensarlo. ¡Es como si quisiéramos sanar todo el océano, con un frasquito de flores de Bach, cuando en realidad, si lo tiramos al mar, lo estamos desperdiciando, prácticamente.

Es cierto que Reiki ayuda a sentir y a tener una mayor plenitud energética, pero también esto es algo que se da en forma  progresiva. Pero nosotros, apenas sentimos un poquito más de energía, ya nos creemos super héroes, ignorando todos los impedimentos intermedios.

Quiero salvar al mundo, menos a la vecina de arriba que hace ruido a las tres de la mañana. Quiero salvar al mundo, pero me tengo que ir corriendo a casa, porque vaya a saber qué estarán haciendo mis hijos, o qué va a decir mi pareja, si llego tarde. Quiero salvar a todo el planeta, menos a los que destruyen todo el planeta. A esos los quiero destruir, o a los que me van a pegar bocinazos por manejar el auto después del curso, como si estuviera con alguna droga energética encima.

Aunque ahora no estamos viendo todo el problema de este ejemplo, podemos centrarnos en esa idea: No solo que no podemos conducir tanta energía, sino que ni siquiera sabemos qué es lo que el mundo quiere, o necesita.

Lo más lógico sería empezar por lo más directo y simple. Pero, atención, eso tampoco es la familia, ni la pareja o la falta de ella, ni los hijos, ni los padres, ni los que quiero impresionar, ni los que quiero ignorar. No, eso cercano es otra cosa llamada YO, por supuesto.
Y ya está dicho hasta el cansancio, el cambio está en uno, el cambio está en uno, pero, es necesario repetirlo, porque no aprendemos del error de los otros, y caemos en los mismos, una y otra vez.
Para cambiar o salvar el mundo, digámoslo otra vez entonces, tenemos que estar primero bien nosotros mismos. Y en la medida que podamos mejorar, es que vamos a colaborar con el planeta, o con los mundos que intentemos salvar. Incluso, yo diría, olvidémoslos por el momento de salvar mundos, de Star Trek, y hagamos el primer paso asertivo: ¡aprendamos y cambiemos nosotros!


Y Pedro lo Negó por Tercera Vez

Una y otra vez se ve aquello mismo.... Salvadores del planeta, tribus de diferentes especies. La tribu namasté, la del espíritu santo, la de las mil religiones, o no religiones del mundo. Incluso, el problema es también al revés, con el condenar al mundo que antes quería salvar. Siempre vemos el error afuera, siempre la culpa la tiene el otro, siempre es el otro el que tiene que cambiar. La intención de ver afuera el problema, está metida en lo más profundo de la psiquis humana.

En un curso de cambio interior, se puede ver muchas veces al ego negar tener aquella actitud. Va a negarlo, incluso cuando lo está haciendo. Y curiosamente, la negación se suele hacer tres veces, como la de Pedro.

Supongamos el tema del egoísmo, gran problema del ego, ¿verdad?
En estos cursos, por no ir afuera, solemos escuchar este tipo de discursos, por ejemplo: No, yo no soy egoísta. No, eso lo saqué de mí, y aunque me costó mucho, yo no tengo ese problema ya. ¡Ya está, tres veces negado! ¡Ni un monje budista Zen, retirado en su monasterio y orando por la humanidad, es tan libre del egoísmo como nosotros! 

No sé muy bien por qué el ego niega tres veces el problema, pero, justamente, lo hace así cuando el problema no está resuelto.  El problema es que actuando desde nuestra sombra, el no poder ver es una constante, y caemos en las paradojas: ¡no, no y no estoy negando esto tres veces! 
Por eso, suelo responder a esto, con otra paradójica frase: cuando uno hace un curso de cambio interior, lo más inteligente es poder salir de la mirada de la sombra y estar, justamente, abiertos a un cambio interior.

¡Hasta la próxima!

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Laberinto


El Laberinto: Esta imagen de la película laberinto me pareció la más indicada para representar el inconsciente. Se ve un laberinto con-céntrico,  prácticamente interminable; o lo que es peor, se ve el centro del laberinto, lo que aparece como una meta supuesta, pero un sin fin de obstáculos y recovecos para llegar a ella. 

Muchos personajes de la película, lo consideran un imposible, y descartan la posibilidad de llegar a aquel centro. Los menos que sigue más allá, acceden a otras realidades, por ejemplo,encuentran pasos escondidos, vasos comunicantes que permiten pasar de un lado a otro del laberinto, o acceder a verdaderos cambios de dimensiones.

Por último, el laberinto es como un sueño que crean y creen entre todos los habitantes del laberinto. Un sueño, sin más, que esconde el centro. Los personajes, simbólicamente, son nuestros egos. ¿El centro, es la resolución del laberinto? No, en el centro se esconde el hacedor de la gran ilusión, el gran Ego. Al enfrentarnos a él, descubrimos la resolución del laberinto, salimos de él.

¿Por qué entrar en un laberinto? 

Puede ser que, como el personaje de la película, necesitemos recobrar algo. En este caso, un niño, simbólicamente, la inocencia. De todas formas, en esta aventura, el personaje principal aprende varias habilidades, verdades, para por distintos estados y saberes. Al lograr la libertad, de alguna manera, descubre su verdadero potencial. Puede que sea así de simple el por qué de la vida y que necesitemos del laberinto, solo para aprender a Ser. Ese es el gran desafío al que nos invita nuestro inconsciente. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Pensamientos sobre el imponer ideas


La mayoría de los que están muy convencidos de algo, tratan de imponer su pensamiento en forma coercitiva. 

Entonces, escucharás frases como: "si no haces lo que te digo, no tienes conciencia", "está comprobado que lo yo digo es verdad...", "si realmente te importa lo que digo, haz algo, difunde,"... 

Así, se suele perder la esencia de la idea que se trata de transmitir,..., es decir, porque se impone por la fuerza.

Entonces, aunque estés en tu revolución, o hayas encontrado una gran verdad interior, recuerda que el otro puede tener otro punto de vista y tiene tanto derecho como tú de opinar y ser escuchado. 

Cuando se impone por la fuerza, puede que tu idea genere mucho ruido, tenga muchos adeptos,...., puedes pensar que ha triunfado, pero sólo es una apariencia, porque la idea se ha perdido. Cuando, por la fuerza, intentas que el otro piense lo mismo que tú, en realidad, no lo dejas pensar. 

Ahora bien, imagínate que ahora digo, que si no compartes esto, es que no tienes consciencia...

Unkido